He aquí la maravilla del aguilucho lagunero (hay varios residentes en el 
Remolar, y no sé si es más impresionante verlos volar o cuando se paran
para descansar o para comer).

El aguilucho ha hecho un alto en su almuerzo (algo comía; no se veía qué)
porque ha visto llegar a una urraca. La urraca andaba ahora por delante de
él, acercándose, como ella hace, ora caminando, muy decidida, ora dando
saltitos con ambas patas, cual pigmeo cangurillo emplumado (por cierto,
¿has visto los colores de una urraca; no, no, no es negra y ya está, ni
mucho menos; si la ves bien al sol, no te lo vas a creer...).

Sepamos que las urracas son animales que se han extendido muchísimo, en
parte, precisamente, por el drástico descenso habido en el número de aves
rapaces. La urraca habita en toda Europa, desde Andalucía hasta Noruega...

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DE LA LUCHA DE CLASES EN EL REINO NATURAL



Esta vez veremos cómo la "humilde" urraca se atreve con el inquietante aguilucho lagunero, suceso divertido a más no poder, cuando se lo observa de verdad en el campo. La urraca (garsa, en català; Pica pica)) es un pájaro inteligente; siempre está al quite. El día 22.12.02, cerquita de Navidades, vi la siguiente escena en la reserva del Remolar-Filipines, muy cerca de Barcelona, de la que aquí constan algunas fotos:

 

Una arpella (aguilucho lagunero, Circus aeruginosus) aterrizó en el suelo; algo se estaba comiendo (no vi de qué se trataba). Al cabo de un momento, veo al animal mirar fijamente hacia un lugar: es que había llegado doña urraca. La urraca sabe que allí puede haber un bocadito para ella, aunque la empresa no deja de tener peligro.

 

Fue bastante divertido ver cómo la urraca se acercaba peligrosamente cerca del lagunero, varias veces. Su estrategia es ciertamente inteligente y, quizás en ocasiones, eficaz (esta vez no lo fue). Obviamente, la urraca se acercaba con la intención de robar un bocado del festín de la rapaz. A la vez, no sé si "intencionadamente" o no, la cuestión es que la urraca lograba molestar al lagunero con su presencia tan cercana; vete a saber si también es esto lo que pretende: molestar al aguilucho para que éste, un poco harto, quizás deje los últmos restos de su ágape un poquito antes de lo que lo hiciera sin ser molestada...

 

Aclaro que la cosa no estaba exenta de peligro: en varias ocasiones en las que la urraca andaba ya descaradamente cerca, el aguilucho (muy digno, todo hay que decirlo) desplegaba levemente sus alas; señal que la urraca entendía rápidamente, pues inmediatamente daba ésta un salto y salía volando, que no era cuestión de caer en tan aceradas garras por un pequeño bocado; se iba la urraca... para volver al cabo de un minuto, a molestar de nuevo.

No hagáis demasiado caso de los tamaños aparentes que
aquí aparecen. Digamos que la urraca "no es tan grande"
en comparación con el aguilucho; se trata de un efecto
òptico común cuando se utilizan teleobjetivos: el objeto
que queda cerca pero por detrás de uno que esté en primer
plano, aparecerá con un tamaño algo aumentado. No lo 
dudéis: si el lagunero lograra pillar a la urraca, ésta, a
pesar de su considerable pico, no duraría mucho.

Como os decía, varias veces el aguilucho abrió sus alas
(como en un gesto "ceremonial", no excesivo), y tantas
veces la urraca salió volando, sin esperar a más... volvió 
varias veces, hasta que parece que se cansó; no le
convenció la cosa, por lo que fuera, y ya no volvió.
Y así, quedó sola la rapaz de nuevo, con esta mirada que parece que diga: "hombre, sí; molestar me molestabas, pero ahora que te has ido...
te echo un poquito a faltar...". Una vez se marchó el aguilucho, estuve un rato atento, por ver si la urraca volvía con la esperanza de algunos
suculentos restos. No lo hizo, a lo mejor porque ya estaba en otro restaurante si bien menos suculento sí algo más seguro.

Ah, sí, dicho sea de paso: lo de "la lucha de clases en el reino natural", como ya entenderéis, no es más que una broma. Pues supongo que, 
entre vosotros, no habrá nadie tan redomadamente de derechas y tan inculto que se llegue a creer el mito de que el hecho de las diferencias
de clase en las sociedades humanas tiene "sus referentes y raíces naturales ya en el reino animal"... idea intelectualmente tan patatera
como de exquisito mal gusto, ¿no os parece?

Ramon Garcia
Doña urraca va rondando al lagunero, sin parar de moverse. Se diría que 
con un ojo mira hacia la comida de la rapaz (a ver si salta por ahí un
pedacito), pero con el otro ha de estar muy atenta (lo estaba, y mucho):
pudiera ser que llegara otro aguilucho lagunero, por ejemplo, a disputar
la comida con el primero, y... "no es cuestión de que, al final, el festín
acabe siendo yo..." (parecía que se dijera la atentísima urraca).

Nótese, empero, que toda la escena estaba revestida de un "aura de
profesionalidad animal": ni el aguilucho se molestaba en el fuera de lugar
de atacar a la urraca, ni ésta llegaba a importunar al otro en forma
suicida. El lagunero, sólo llegó a esbozar algunos avisos del tipo "hasta
ahí te perdono, hermana", que fueron entendidos, hipso facto, por
nuestra amiga urraca.

"Dóndedicesquelohasvisto...?"